sábado, 3 de mayo de 2008

Oración, una mirada sencilla

La pregunta de esta entrada sería, has sentido la presencia de Dios en tu oración.
O más sencillo, has orado alguna vez.
Tal vez te has encomendando. En cierta forma es bueno, la biblia misma lo contempla; pedid y se os dará, pero pedid con fe. Mt 7: 7. Esta es el punto fundamental, es la invitación a que hagamos el ensayo; la petición viene a ser la disponibilidad de ejercer con el poder divino, colmar o satisfacer cualquier necesidad.
Por qué no hacerlo, si ya tenemos el aval, tenemos el permiso celestial, es entender que no hay que ignorar que podemos realizar nuestra solicitud sin importar la magnitud del pedido. Claro, entendiendo que este no es desproporcionado, y que no debe hacerse retando en el contenido, ni mucho menos en el tiempo. Aquí es donde nosotros perdemos la fe, o demostramos la superficialidad de la misma. Y es que a Jesús, no lo debemos retar con nuestras necesidades, o con decir que si no me concede la petición, entonces hasta aquí llegamos, o de igual forma, cuando detectamos un error en la iglesia (cualquiera sea) o en sus ministros, inmediatamente se nos va nuestra fe al piso, como si el reino de Dios fuese terrenal.
Debemos aprovechar el privilegio de hacerlo en forma espontánea, abierta sin ataduras y como lo veníamos diciendo, sin condiciones de servicio; sin desafiar a que tengan que hacerse las cosas que se piden, sin consultar su voluntad. Es de entender que nuestra necedad nos vuelve ciegos y a veces sólo queremos satisfacer un capricho o una vanidad terrenal, o un imposible ante las esencias primordiales de nuestro creador.
Por esto en la oración debemos ser humildes, pedir con devoción; no sin antes examinar nuestra conciencia, arrepintiéndonos, confesándonos, o al menos con la decisión firme de liberarnos de aquel mal que nos agobia, o nos envuelve en un círculo vicioso.
La oración es entrega total, es sumergirse en un sueño tal que se haga propicio el espacio para la visita de aquel a quien invocamos, para poder extasiarnos en su amor, y entregarnos a su contemplación; la cual viene a ser el grado máximo de esa dedicación, nada imposible para cualquiera de nosotros. Sólo es desprendernos de lo que nos puede perturbar y, en el silencio de nuestro ambiente, iniciar ya sea con alguna de las oraciones conocidas, o con el firme deseo de imaginarle en su trono celestial. Es un ejercicio sencillo, sólo requiere dedicación, voluntad, silencio, entrega, mente en blanco, y la firme decisión de volver a hacerlo en un lapso de tiempo no superior a 2 días.
Para complementar este argumento y darle un toque más organizado, me permito citar la página del Dr Carlos Santos, quien hace una breve y concisa explicación de la oración contemplativa. Y para no alargarnos en el texto, también puede navegar en este otro sitio, donde hallará un esquema con particularidades y textos enriquecedores que nos pueden guiar y ayudar en el camino que ya está trazado y sólo falta darle inicio para así hallar el permanente contacto con Dios.
La paz de Cristo reine en su corazón, feliz día
Vea más oraciones y conceptos aquí.

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