Quise participar con un comentario ante la noticia de la niña mordida por un perro, pero me abstuve de hacerlo en forma larga en el espacio permitido. Por esto lo anexo a esta entrada y próximamente lo complementaré, pues de esto que pretendía hablar, hay mucho que decir... y no es desfachatado relacionar lo uno con lo otro.
A veces uno quisiera participar en este tipo de comentarios. Hoy lo hago, a sabiendas de que podré recibir una replica con palabras que desalientan y lo hacen sentir a uno peor que la pobre victima. No debemos ser insensatos ante este caso de esta pobre niña, a quien aún con los mejores cirujanos, y aunque su reconstrucción facial, sea una verdadera proeza, le va a quedar una secuela sicológica lo bastante grande, no importa que apenas haya tenido algunos meses de vida. En quién estará la crueldad? A quién culpar? Será que con el sacrificio del animal bastará, será que con hacerle ver a los padres su descuido y falta de responsabilidad, será suficiente. Es cierto que estos animales, no deben estar solos, sin su amo, o sin el respectivo protector de mandíbula, deambulando por ahí (como perro sin dueño); pero también le hallo la razón al que defiende a todos los caninos, al argumentar el por qué andan los niños por ahí, sin alguien que al menos los vigile. Esto es lo que ha permitido que sucedan cosas atroces, no solo con los animales, que siguiendo un instinto lúdico o salvaje, aprovechan de cuanto juguete o ser viviente que lo parezca, y me atrevería a decir y perdón por el sarcasmo de todo aquello que les pueda servir para desahogar sus penas, ganas, vejámenes o cuanta adversidad retenga dentro de su cerebro, sino también de aquellos desadaptados, sicópatas o enfermos que utilizan a cuanto niño indefenso encuentran para hacer con ellos lo que su maldito pensamiento les indica. Repito lo escrito atrás: la penosa necesidad de desahogar su demencia o inclinación, alimentada por el sadismo profano, el atrofiamiento retenido, o las manías aprendidas ya sea por la ociosidad mediática, o no sé qué tipo de virus cerebral se les haya incrustado en su mente y cuerpo, del cual no sienta ni pena ni culpa, recordemos, que ya hoy en día es tan normal ver o hacer lo anormal (antiético, amoral o desacorde a lo social y a lo humano), que ya nadie sabe definir lo bueno de lo malo, pues ya el maligno no es como lo pintaban nuestros padres: que salía con cachos y con cola, el mundo a recorrer; de que le serviría a él, mostrarse como bestia, o como malo: echaría a perder sus perversas intenciones, y no aumentaría su haber, su cuenta victimaria, o su poderío beligerante, como diría el vecino de aquí al lado.
Al momento de juzgar o defendernos todos tenemos algo de razón, desde nuestro modo de pensar y de ver las cosas. Pero es necesario que alguien nos muestre la otra alternativa y alguna otra forma de vislumbrar este mundo, que aún con todos los camuflados propósitos de los poderosos sigue girando y emanando vida. Dios perdone a los impíos y a los que frustran el futuro de la niñez y de las clases menos favorecidas, Dios nos libre de todo mal y peligro; nos conduzca por el buen camino y no nos deje solos ante el flagelo de los malos, o ante la adversidad de la naturaleza.
martes, 19 de enero de 2010
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