Nueva forma de vivir, o al menos procurar un ligero cambio. No prometer, si ya hemos incumplido, porque es posible volver a quedar mal, tanto con los demás, como consigo mismo. Recapitular y revisar nuestra vida, como dijo Duque Linares, Cuestionarnos quiénes somos con la siguiente frase escrita y respondida: Quién soy yo? Una forma de inventariar nuestra existencia, y nuestras obras: qué he hecho yo?, qué haré, cuándo comenzaré O si esta sale de cajón; hasta cuándo dejaré de ser lo que hasta hoy he sido? En fin, podemos variar la estrategia, pero hagamos algo por nosotros mismos, apostémosle al cambio. Tratemos de reírnos de lo que somos, así sea irónicamente, comprendamos nuestro ser; vivamos internamente, para poder lanzarnos a hacia los demás. Es decir, antes de exteriorizarnos, retroalimentemos nuestra existencia, para saber lo que tenemos y lo que podemos brindar. Realicemos el ejercicio de la catarsis que nos permita liberar, en el mejor sentido de la palabra, aquella pasiones que nos atan a una costumbre, a un desenfreno, a un rencor, a una inquina, o a una forma de vida nada provechosa ni fructífera tanto para nosotros como para los que nos rodean.
Vivamos el presente esquivando, más no olvidando del todo, nuestro pasado; algo difícil, pero no imposible. Hacerle el quite a aquellos vejámenes que nos impiden vivir en forma apropiada y tranquila, sin ataduras y sin el remordimiento de esa quimera que envuelve nuestro espíritu. Una buena práctica, consiste en hacer esta oración que nos suministra actos de amor
"Magna presencia yo soy", arde a través de mi tu llama consumidora de amor divino. Retira este deseo de mí, aniquila su causa y su efecto, pasado, presente y futuro y reemplázalo con tu plenitud, tu perfecta satisfacción y mantén tu completo dominio aquí para siempre”.
Un sacerdote me recomendaba en su conmutación, que cada vez que vinieran esos recuerdos, deseos, imágenes o momentos de flaqueza, observara la imagen de María sobre aquella nube, frente a los pastorcitos de Fátima, correspondiendo a nuestra mirada, la cual se debe ir tratando de focalizar, sobre sus ojos, como en una entrevista de trabajo, donde para nada hay que esquivarla del que nos fusila a preguntas y detalla cada movimiento que hagamos. Así debe ser nuestra disposición, ya sea en nuestra soledad, en aquel lugar sagrado donde cualquier cosa o pensamiento nos distrae de la objetividad de nuestra visita, esfuerzo o dedicación.
En este nuevo año, hay que ser conscientes de que aún tenemos nuestra mente y espíritu libres, libres para actuar, para imaginar, para hacer el bien o el mal, según nuestra intención, libre de seguir atado al TV, o libre para iniciar un buen libro, libre para dedicar tiempo a nuestra familia y hogar, libre para continuar con esa atadura o libre para romperla; libre para decidir el qué hacer ahora que ya hemos llegado hasta esta parte de la lectura, libres para iniciar un rosario, así sólo sea de 1 misterio, con 5 avemarías, y libre para desatarnos de ese problema que a sabiendas del mal que nos hace, le seguimos haciendo nido y rindiendo pleitesía, como si fuera lo único que nos sirviera para vivir. Seamos honestos con nosotros mismos.
Y si dentro de esa honestidad, creemos que debemos amar a Dios, estaremos logrando encontrar la verdad, y la libertad. Así, en ese ámbito, pongamos le rumbo a nuestra existencia enfilando nuestras baterías hacia el Creador, hacia su amor y hacia esa forma en que debemos vivir, exteriorizando lo bueno que aún tenemos y dejando de lado, lo que nos impide vivir a plenitud.
Buen día y un maravilloso año.
Vivamos el presente esquivando, más no olvidando del todo, nuestro pasado; algo difícil, pero no imposible. Hacerle el quite a aquellos vejámenes que nos impiden vivir en forma apropiada y tranquila, sin ataduras y sin el remordimiento de esa quimera que envuelve nuestro espíritu. Una buena práctica, consiste en hacer esta oración que nos suministra actos de amor
"Magna presencia yo soy", arde a través de mi tu llama consumidora de amor divino. Retira este deseo de mí, aniquila su causa y su efecto, pasado, presente y futuro y reemplázalo con tu plenitud, tu perfecta satisfacción y mantén tu completo dominio aquí para siempre”.
Un sacerdote me recomendaba en su conmutación, que cada vez que vinieran esos recuerdos, deseos, imágenes o momentos de flaqueza, observara la imagen de María sobre aquella nube, frente a los pastorcitos de Fátima, correspondiendo a nuestra mirada, la cual se debe ir tratando de focalizar, sobre sus ojos, como en una entrevista de trabajo, donde para nada hay que esquivarla del que nos fusila a preguntas y detalla cada movimiento que hagamos. Así debe ser nuestra disposición, ya sea en nuestra soledad, en aquel lugar sagrado donde cualquier cosa o pensamiento nos distrae de la objetividad de nuestra visita, esfuerzo o dedicación.
En este nuevo año, hay que ser conscientes de que aún tenemos nuestra mente y espíritu libres, libres para actuar, para imaginar, para hacer el bien o el mal, según nuestra intención, libre de seguir atado al TV, o libre para iniciar un buen libro, libre para dedicar tiempo a nuestra familia y hogar, libre para continuar con esa atadura o libre para romperla; libre para decidir el qué hacer ahora que ya hemos llegado hasta esta parte de la lectura, libres para iniciar un rosario, así sólo sea de 1 misterio, con 5 avemarías, y libre para desatarnos de ese problema que a sabiendas del mal que nos hace, le seguimos haciendo nido y rindiendo pleitesía, como si fuera lo único que nos sirviera para vivir. Seamos honestos con nosotros mismos.
Y si dentro de esa honestidad, creemos que debemos amar a Dios, estaremos logrando encontrar la verdad, y la libertad. Así, en ese ámbito, pongamos le rumbo a nuestra existencia enfilando nuestras baterías hacia el Creador, hacia su amor y hacia esa forma en que debemos vivir, exteriorizando lo bueno que aún tenemos y dejando de lado, lo que nos impide vivir a plenitud.
Buen día y un maravilloso año.

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